Un conflicto que se puede
producir en el aula
Un mal olor generalizado, y la
búsqueda del grupo de alguien culpable. Con la consecuente queja a tutoría
sobre la persona o personas que supuestamente huelen mal y con señalizaciones
despectivas, ridiculizantes y burlas a las supuestas producidoras del mal olor.
En primer lugar indicar que este
es un conflicto que puede ser bastante común y que tienen que atajarse desde
varios frentes, por la naturaleza y la frecuencia del mismo. En la adolescencia
y con la pubertad, el olor corporal que se despide es más fuerte que en otras
etapas de la vida, y particularmente en algunas personas puede ser
especialmente fuerte, sin que esto denote necesariamente un problema de
higiene. Señalar esto porque para poder resolver un problema es necesario saber
la naturaleza y características del mismo.
Por ello más allá de trabajar en
clase, con todo el grupo, los hábitos de
higiene personales, sobre los cambios en la pubertad y los olores corporales
que ellos conllevan fomentando un mejor autoconocimiento, autocuidado y por lo
tanto una higiene más adecuada. También hay que ser conscientes de que habrá
que tomar otras medidas. En aulas cerradas, relativamente pequeñas, calefacción
y una media de 30 personas en ellas durante 6 horas es bastante probable que se
cargue el ambiente. Por lo tanto se podrían tomar medidas como que cada cambio
de clase una persona encargada abra y cierre las ventanas y la puerta, por
ejemplo.
Además será tarea de tutoría
desculpabilizar y a los chivos
expiatorios y reorientar el problema como algo del grupo y no personal.
Para resolver un conflicto será
imprescindible conocer bien la naturaleza del mismo, hablar con todas las
partes, buscar el mayor número de versiones y buscar soluciones que puedan
satisfacer a ambas partes sin dañar a ninguna, en la medida de lo posible.

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