martes, 25 de octubre de 2016

LOMCE, ¿una ley de educación?


Aproximación a los cambios de leyes educativas en España.

“La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos y religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz."
Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 26.



Desde que comenzó la democracia hemos asistido a cambios en las leyes educativas que buscaban mejorar, adaptarse a los tiempos cambiantes. Está claro que desde los años ochenta la sociedad española ha cambiado mucho y que no se puede dar la misma respuesta a distintas necesidades. No solo España, el mundo está cambiando, vivimos en la “aldea global”, donde el tiempo y el espacio se relativizan y todo evoluciona a mucha velocidad (hasta el clima). Por eso que haya cambios en la leyes de educación española, no sería malo, la cuestión es ¿Qué cambios?

Voy a hablar de la orientación de la LOMCE, para mi responde a un interés ideológico, claro. Muy determinado por la visión económica neoliberal que ha tomado tanto Europa como España, donde se ve cada vez más limitada la sociedad del bienestar, la equidad y la redistribución, primando en su lugar los logros y el éxito personal como objetivo social al que, supuestamente, cualquier individuo puede llegar. Lo que no dicen es que es imposible que todas las personas lleguen al éxito social, económico, personal y laboral en los términos que están planteados. Parece, a priori, que se premiará el esfuerzo y el trabajo, pero a estas alturas, cuando el capitalismo ya está más que consagrado y las desigualdades entre los más ricos y más pobres  (ya sean países, clases sociales, minorías étnicas, otros colectivos que sufren discriminación, etc) no han hecho, si no crecer. Se presenta complicado seguir creyendo que todas las personas tienen las mismas oportunidades pero unas las aprovechan y otras no.

 Por otro lado el gran peso de la economía y la política en la modificación de la ley es evidente desde el lenguaje utilizado, palabras como competencia, excelencia, iniciativa… hasta las asignaturas curriculares propuestas “Iniciación a la actividad emprendedora y empresarial”. Este gran peso no se corresponde con lo que desde las ciencias de la educación se plantea, nombrando a cuatro ciencias como condicionantes que se deberían tener en cuenta: La psicología de la educación, la biología de la educación, la economía de la educación y la sociología de la educación.  Si se tuviesen en cuenta tanto la biología de la educación como la psicología de la educación tendría que haber cambios en la cantidad de horas lectivas que recibe el alumnado (salud postural, capacidad de atención, etc), el diseño curricular debería adaptarse al desarrollo de las inteligencias múltiples, del desarrollo personal y evolutivo, etc. Sin olvidarnos del profesorado, más horas trabajadas con más alumnos, menores posibilidades de atención personalizada, de conocimiento de su alumnado.  Y para el Centro mayor presión por conseguir los mejores objetivos al menor coste (de nuevo lenguaje económico), el énfasis está en el fin, no en el proceso.

Mi opinión personal es que esta ley, que parte de una intención de mejorar la educación española y de buscar soluciones al alto fracaso escolar, así como mejorar los resultados en las pruebas de competencia y de excelencia, lo que ha hecho ha sido buscar los caminos para aumentar esos resultados segregando las vías. Me explico, a los que ahora abandonan sin tener el graduado, se les orientará hacia un camino desde edades muy tempranas, para que obtengan una cualificación (con una consideración social inferior). Con esto se consiguen dos cosas,  una que acaben la educación obligatoria con una titulación y dos que no bajen las medias del resto del sistema que busca una mayor calidad y excelencia en los resultados. En principio sería una buena opción si no se plantease en un contexto y momento social de aumento de las desigualdades, con todos los recortes en derechos, en recursos (no solo en educación) y la merma de medidas destinadas a reducir las diferencias que vienen marcadas por unas desigualdades sociales estructurales que por sí solas no van a reducirse y que contribuyen a perpetuar la desigualdad. Además esa perpetuación no será solo en el sistema escolar, ya que esos perfiles de formación profesional están orientados a salidas laborales con bajas categorías, salarios y reconocimiento social, en una rueda de desigualdad que se retroalimenta.

Supongo que la brecha está aquí entre el enfoque de quienes pensamos que la educación tiene que servir para reducir las desigualdades  y contribuir al desarrollo y la maduración de las personas así como de la sociedad, en términos de justicia, equidad y respeto. Y quienes piensan que la educación debe ser de elite, ya que es muy costosa y debe ser aprovechada, optimizando sus resultados, para que puedan contribuir al avance social en términos de conocimiento y riqueza económica.
En fin, que no le encuentro ningún punto positivo, quizá alguien me pueda señalar alguno…



No hay comentarios:

Publicar un comentario