lunes, 17 de octubre de 2016

Reflexión sobre el libro blanco del docente.


Mi opinión sobre el texto técnico (su necesidad en este momento, su conveniencia, su rigor…)

La educación está altamente cuestionada hoy día. Podemos decir que todo el mundo tiene una opinión y que a toda la sociedad le preocupa. Es así, ya que se le atribuye la importancia de ser capaz por un lado de preparar a las personas para una vida adulta llena de retos, personales, sociales y laborales. Y por otro lado también se entiende que es el camino para combatir las desigualdades sociales y la transformación misma de esa sociedad en la que nos gustaría que fuese.

Debido a este interés por la educación como cuestión fundamental para la sociedad, el desarrollo y la práctica educativa se ve muy condicionada. Desde la política se hacen cambios en las leyes de educación, se regulan protocolos de actuación que la condicionan. Los distintos agentes sociales también influyen, asociaciones de padres, los contextos socio-económicos y culturales, etc.

Por eso El libro blanco del docente presenta, desde una perspectiva profesional y científica una serie de deficiencias observadas y analizadas en el sistema de educación español así como hace una serie de propuestas para mejorarlas. Presentándolas desde la legitimidad que le da el rigor científico y planteando que son evidencias que deberían asumir las distintas fuerzas políticas independientemente de su ideología, al igual que se hace en otras cuestiones, como en la sanidad, por ejemplo.

A lo largo de los últimos años, en España, hemos asistido a un debate muy fuerte, con cambios en las leyes de educación cada vez que cambia el gobierno. Por parte de los expertos y cada vez más de los diferentes agentes sociales y medios de comunicación, se está pidiendo con más fuerza un pacto de estado que garantice una educación de calidad, que sea consensuado por todas las fuerzas políticas. Entendiendo que el camino para conseguirlo es seguir las  recomendaciones profesionales y científicas de quien se dedica al ejercicio y el estudio de la educación, dejando a un lado las ideologías.

Y yo me pregunto, si toda la sociedad está de acuerdo porque no se lleva a cabo. Queremos tener una población infantil y adolescente feliz, a la que le guste ir a la escuela, que aprenda, que tengan éxitos educativos y que esos éxitos educativos se trasladen en éxitos sociales.

Leyendo el libro blanco del docente me han surgido algunas cuestiones. Esos valores son universales o al menos son aceptados y valorados por toda la sociedad. Pero creo que el problema de concretarlos está en el cómo, es ahí donde diferimos, donde nuestras opiniones entran en juego.

Algún aspecto con el que estoy de acuerdo…

Por ejemplo. Estoy de acuerdo en los problemas que plantean desde el “Libro blanco del docente” y estoy de acuerdo en las propuestas que realizan, además como ellos mismos argumentan, desde la evidencia científica.

Sin embargo se me ocurren varios problemas a la hora de llevarlas a cabo:

La necesidad de una inversión económica muy importante en educación, para realizar las propuestas.

-          Inversión en la formación para los docentes y todo el entramado que plantea. No solo para el propio sistema de formación, sino también de apoyo al estudio, para que aquellas personas con menos recursos económicos, y de grandes talentos, no se puedan ver  fuera del sistema por este hecho.

-          Inversión para que haya más personal docente por centro. Si queremos que se pueda llevar a cabo una educación inclusiva y centrada en el desarrollo individual. Haya lugar y tiempo para una formación continua. Haya lugar y tiempo para esa implicación del personal docente y de la dirección para la creación del currículo, la mejor gestión, la mayor apertura y trabajo para con la comunidad en la que esté, etc. Y todo esto en equilibrio para que el personal docente siga teniendo una calidad de vida donde pueda compatibilizar su vida laboral y personal (ya que si tienes personal estresado difícilmente estará motivado, será de calidad y excelente).

-          Un cambio de modelo que permita que el propio arranque de curso (y el desarrollo del mismo) en los centros públicos no sea un problema para aquellas familias para las que supone un gran esfuerzo económico el desembolso en material escolar obligatorio. Quiero decir, que la propia escolarización per se, es una desigualdad muy fuerte cuando marca y queda en evidencia a aquellas familias que no pueden permitirse lo que hoy en día se considera obligatorio e imprescindible para desarrollar el curso escolar, como es la compra de material. Hecho que en una educación pública, gratuita y universal, no debería de existir. Por lo que me planteo, si la educación sirve para paliar esas desigualdades sociales, sirve para recoger y fomentar las potencialidades individuales y tiene que convertirse en un lugar en el que las personas puedan recorrer su propio camino de aprendizaje y desarrollo buscando el éxito y la excelencia, ¿no deberíamos convertir este espacio en aquel en el que todas las personas partan de las mismas condiciones para jugar? Y eso requiere ayudas y apoyos a las personas más vulnerables, que recojan las problemáticas individuales.

Dicho esto. Entiendo que ahí está el debate político y social, cualquiera, sea su ideología la que sea, está de acuerdo en que la educación es importante y que hay que mejorarla. Pero cuando concretamos y llevamos a la realidad la necesidad de repartir los recursos “limitados” de que dispone el Estado, empiezan los desacuerdos y se ponen de manifiesto cuales son las prioridades en las que el gobierno decidirá invertir.

Mi opinión personal es que debería de realizarse está mayor inversión, no solo por justicia, sino, porque a largo plazo, económicamente hablando, las sociedades más desarrolladas son aquellas con mayor inversión en educación.

Algún aspecto con el que disiento o estoy menos de acuerdo…

Por otro lado no estoy muy de acuerdo en algunos elementos que proponen para llevar a cabo las propuestas realizadas. El problema para mi está en la dificultad, o la falta de definición de palabras claves que vertebran toda la argumentación y todas las propuestas.

-          En primer lugar seria definir que es excelencia, a quienes se van a considerar “los mejores” para la profesión docente. Y aquí me aparece una cuestión fundamental: hoy por hoy tenemos un sistema académico que realiza sus evaluaciones de forma numérica, basada en los conocimientos teóricos de las asignaturas. Tenemos una educación que fomenta principalmente valores individuales y de competencia. Que apenas trabaja de forma consciente y deliberada sobre las “non cognitive skills”. Entonces, cómo se puede hacer una buena selección del futuro personal docente (es decir los estudiantes que van a acceder al sistema de formación) basándonos en criterios de excelencia, cuando desde el libro blanco del docente se plantea como fundamental la cooperación, el trabajo en equipo, el trabajo en actitudes y aptitudes, más allá de los contenidos y tenemos un sistema de evaluación que no evalúa esto.

 

-          Segundo, definir que es el éxito. Todas las personas queremos tener éxito, lo que difiere y mucho son los criterios que para cada cual es tener éxito. ¿Éxito educativo sería conseguir un alumnado adaptado al sistema y que pueda vivir en él de una manera estandarizada, es decir “normal”? ¿Existo educativo sería conseguir un alumnado crítico, capaz de no seguir ese modelo de vida estandarizado, “normal”? ¿Éxito, es éxito económico, es reconocimiento social? O ¿Éxito es saber vivir de una manera sana desde un punto bio-psico-social? Esta definición de éxito, no solo va a venir marcada por una perspectiva científica, profesional, desde la pedagogía, tendrá inevitablemente unos condicionantes históricos, sociales, culturales, económicos e ideológicos. Y de nuevo nos encontramos ante el debate.

 

Con todo lo expuesto, las propuestas me parecen muy interesantes, con sus limitaciones y sus aciertos. Pero en cualquier caso pueden marcar una dirección, un camino. Entendiéndolo, más como una guía de orientación, que como un camino cierto a seguir, por lo tanto necesitará ser flexible, retroalimentarse y reevaluarse constantemente para poder ir subsanando aquellas fallas que se vayan observando y mejorando en lo que sea posible en cada momento.

 

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